viernes, 3 de julio de 2015

El antisemitismo antisionista (5/6)



En las últimas entradas presenté el antisemitismo en forma de antijudaísmo, antisemitismo racial, antisemitismo secundario y antisemitismo islámico. Ahora quiero presentar la forma de antisemitismo más extendida entre la izquierda: el antisionismo. El conflicto judío-árabe y su codificación como conflicto colonial es una de las fuentes del antisemitismo antisionista, también a veces denominado antisionismo antisemita, según se quiera subrayar que se trata de antisemitismo que aparece en forma de antisionismo, en el primer caso, o si se trata de antisionismo que utiliza argumentos antisemitas, en el segundo. En esta forma de antisemitismo se fusionan la interpretación del conflicto alrededor de Israel del antisemitismo islámico con el apoyo oficial de la lucha anticolonial y antiimperialista de la Unión Soviética. Mediante movimientos de solidaridad con estas luchas y organizaciones afines a las ideas de la Unión Soviética, el antisionismo se extendío a gran parte de la izquierda europea.
Si bien es cierto que tal como existen múltiples formas de sionismo, también existen muchas formas de antisionismo, no todas son antisemitas. No obstante, aquí me refiero a qué tipo de antisionismo utiliza argumentos antisemitas. Son estos, sobre todo, las retóricas que hacen referencia al poder, al dinero, conspiraciones, redes globales de los judíos, aunque el término judío suela estar sustituido por el de Israel o sionista. Otros ejemplos de la retórica antisemita dentro de algunas corrientes del antisionismo, consisten en agrandar las injusticias cometidas por Israel o igualar la situación de la población palestina actual con la de los judíos durante en nacionalsocialismo. De forma similar al antisemitismo nacional, también estas formas de antisemitismo antisionista perciben la incapacidad de los judíos para crear su propia nación y se les niega lo que a todas las demás naciones se les concede. Por ello, en la ya mencionada definición de trabajo utilizada por la Unión Europea, se define como antisemitismo respecto al Estado de Israel.
·                     “Negar al pueblo judío el derecho de autodeterminación, por ejemplo, afirmando que la existencia del Estado de Israel es un proyecto racista.
·                     Aplicar una doble moral, exigiendo al Estado de Israel un comportamiento que no se espera ni demanda a ningún otro Estado democrático.
·                     Usar símbolos e imágenes asociadas con el antisemitismo clásico (por ejemplo, la acusación de que los judíos asesinaron a Jesús o el libelo de la sangre) para caracterizar a Israel o a los israelíes.
·                     Realizar comparaciones entre la política israelí actual y la de los nazis.
·                     Responsabilizar colectivamente a los judíos por las acciones del Estado de Israel.”
Para no evocar la idea de que toda crítica a la política de Israel sería antisemitismo, se han elaborado algunas ayudas orientativas. Así por ejemplo el test 3-D de Sharansky, según el cual la deslegitimación, demonización y el doble rasero serían criterios para diferenciar una crítica permisible (independientemente de si esta crítica es acertada o no) de una forma de antisemitismo antisionista. Salzborn ofrece además la diferenciación entre crítica y resentimiento. En la crítica domina la facticidad racional. El crítico es capaz de revisar su propia posición con la ayuda de nuevos hechos. El resentimiento antisemita está vinculado a los afectos y se caracteriza por la incapacidad de cambiar la posición propia. Haga lo que haga Israel, para el antisemita, la posición en contra de este Estado está determinada de antemano y se inmuniza, de esta manera, contra hechos diferenciadores.
En la izquierda, definirse como antisionista provoca ciertas connotaciones sobre la interpretación del conflicto judío-árabe. Los antisionistas interpretan el conflicto en términos de imperialismo y colonialismo. La culpa recae, prácticamente en su totalidad, sobre Israel, que es percibida como Estado beligerante.
Como clave comunicativa, el antisionismo hace superfluo nombrar explícitamente los propios resentimientos antisemitas. El antisionismo permite ocultar el propio antisemitismo distanciándose abiertamente del antisemitismo y del odio a los judíos. Contrariamente al fundamentalismo islámico o a las ideologías racistas de la extrema derecha, la izquierda no permite la exclusión directa de los judíos como religión o pueblo. Al sustituir “judío” por “sionista” y al identificarlo con el imperialismo, se puede mantener una explicación antisemita del mundo sólo cambiando el color del traje, es decir, sólo cambiando una palabra por otra.
Un ejemplo en el ámbito académico es el que cuenta Gonzalo Alvarez Chillida acerca de un acto que tuvo lugar en la Facultad de Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid en 2009:
“Al entrar el presidente de las comunidades de religión judía del país en los pasillos de la Facultad para intervenir en un acto académico, un grupo importante de alumnos y alumnas le recibió con gritos como “¡judíos fuera!” o “¡estamos hartos de los judíos!” mientras, repartían una hoja donde se le calificaba de usurero. […] Aunque parezca extraño, se trataba de un grupo que se considera a sí mismo antifascista.”

viernes, 26 de junio de 2015

El antisemitismo islámico (4/6)



El antisemitismo islámico puede ser percibido como el resultado de una exportación del antisemitismo moderno, europeo, a las condiciones específicas del mundo árabe o musulmán. A partir de los años 20 del siglo pasado el antisemitismo moderno, europeo, se encuentra con un proceso de modernización y descolonización de los países árabes. Para entender la relación entre descolonización y antisemitismo es importante comprender que la adquisición de tierra por organizaciones y colonos judíos era percibida por la mayoría árabe como colonialización bajo el protectorado británico. En la primera mitad del siglo pasado, los movimientos anticoloniales tuvieron así los mismos enemigos que los nacionalsocialistas: Gran Bretaña, el bolchevismo y los judíos. No nos ha de sorprender que gran parte del movimiento anticolonial contra Gran Bretaña y Francia se entusiasmara por el nacionalsocialismo.
Uno de los primeros antisemitas árabes más destacados de esta época fue el muftí de Jerusalén, Muhammad Amin al-Husayni. Era colaborador estrecho con el régimen nazi y sus ideas influyeron en amplias partes del mundo árabe. Aunque la simpatía abierta con el nacionalsocialismo retrocedió radicalmente después de la Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo como semántica, como cosmovisión capaz de explicar la realidad económica, política y social, se mantuvo en gran parte del mundo árabe. Así, el conflicto judío-árabe (o israelí-árabe, si así se prefiere) de Oriente Próximo no se percibe mediante una interpretación propia, local, sino como parte de una semántica global que vincula a los judíos/Israel con el colonialismo, con redes globales de poder económico y militar (p.ej. “lobby judío” en EEUU) y se percibe la existencia de Israel no sólo como amenaza para la paz en la región sino incluso para la paz mundial.
Un ejemplo claro de esta forma del antisemitismo islámico la podemos encontrar en la carta fundacional de Hamás todavía hoy en vigor, en la que se hace referencia a los “Protocolos de los sabios de Sion”, falsificación antisemita rusa de 1902 que habla de una conspiración judía mundial. La Carta, además, identifica a los judíos como aquellos que están detrás del poder de los medios de comunicación, de la revolución francesa, del bolchevismo y muchas apariencias más del mundo moderno. A raíz, tanto de las migraciones desde el mundo árabe como de los movimientos de solidaridad anticoloniales en el llamado primer mundo, las ideas del antisemitismo islámico se están reimportando a Europa.

lunes, 22 de junio de 2015

El antisemitismo secundario (3/6)



En las dos últimas entradas describí con el antijudaismo y el antisemitismo racista dos formas de antisemitismo bastante abiertas. No obstante, hay que señalar que después de la Segunda Guerra Mundial y la barbarie del Holocausto, el antisemitismo ya no era ninguna referencia positiva. Aunque con ello el antisemitismo racista/nacional no desapareció del paisaje europeo, al menos en el espacio público hegemónico ya no se suelen encontrar justificaciones abiertas a este tipo de antisemitismo. Lamentablemente, el antisemitismo resulta ser muy versátil y poco después de la Segunda Guerra Mundial surgió en Alemania, pero también en otras partes del mundo, el antisemitismo secundario, también denominado antisemitismo democrático, denominado así porque este sí se encuentra en el espacio público democrático. Este antisemitismo, después de Auschwitz, que no se justifica a pesar del Holocausto sino por razón de éste, ha sido resumido por el psicoanalista judío Zvi Rex en una formulación brillante: Decía Zvi: “Los alemanes no perdonarán nunca Auschwitz a los judíos.” Como reversión de culpa, esta forma de antisemitismo es capaz de disculpar por un lado a los agresores y culpabilizar al mismo tiempo a las víctimas. Algunas formas extendidas de disculpar lo hecho consisten en insistir en la ignorancia de gran parte del pueblo alemán sobre el exterminio de los judíos, en enumerar el Holocausto como otra más de las atrocidades cometida antes, después y durante la Segunda Guerra Mundial, o en ensanchar el daño producido contra el propio grupo. Si el Holocausto no fue peor que el bombardeo a Dresde, si el Holocausto fue sólo una reacción al y copia del Gulag, entonces pierde su carácter singular. Algunas formas comunes de culpabilizar a los judíos son suponer algún tipo de poder o amenaza por parte de estos, o insistir en el carácter violento de sus exigencias de reparación. En la combinación de la exculpación y la culpabilización, la dimensión del tiempo hace mover la balanza en contra de los judíos. Mientras “nuestra” culpa es pasada y “nosotros” ya hemos pagado por los hechos, las exigencias económicas o morales de los supervivientes y sus predecesores siguen en la actualidad.
Podemos encontrar muestras de esta forma de antisemitismo en las encuestas de la Anti-Defamation League. Así, en 2014 respondieron con “probablemente cierto” a la afirmación “los judíos aún hablan demasiado sobre lo que les sucedió en el Holocausto”, el 52% de los alemanes, el 52% de los austriacos y el 48% de los españoles. Esta queja se combina con la idea de la organización a escala global de los judíos y su supuesto poder, que les lleva finalmente a la creación de la “industria del Holocausto” en la que los judíos explotan la memoria del Holocausto con fines económicos y políticos. Los paralelismos con la imagen del judío sin escrúpulos y avaricioso son más que notables.

martes, 16 de junio de 2015

El antisemitismo racista, racial o nacionalista (2/6)



En la última entrada presenté el antijudaismo como primera forma deantisemitismo todavía en uso. Frente a esta forma de antisemitismo tradicional, todas las demás formas suelen considerarse antisemitismo moderno. El propio término “antisemitismo” fue una creación del siglo XIX con la que se pretendió distinguirse del odio a los judíos, considerado retrógrado y emocional. Frente al viejo antijudaísmo surgió, con pretensiones científicas, el antisemitismo al que se referían con orgullo gran parte de los nacionalistas europeos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. En la literatura se conoce este tipo de antisemitismo como antisemitismo racista, racial o nacionalista. Presenta el intento de utilizar las nuevas teorías sobre razas y caracteres nacionales, consideradas como científicas para justificar la discriminación a los judíos. A estos, a partir de la acuñación del término, ya no se les consideraba un grupo religioso, sino una raza. La noción de raza se mezcló con el nacionalismo y la creación de los Estados naciones en el siglo XIX. En esta idea, según la cual los pueblos se organizan en Estados nacionales, los judíos no sólo aparecían como otro pueblo u otra raza, sino como la anti-raza por antonomasia. Su mera existencia ponía en duda el principio organizador que tenían en mente los nacionalistas europeos. Los judíos se convertían así en lo contrario de la nación. Como pueblo sin Estado representaron la no-identidad frente a las identidades nacionales europeas. Frente a la cálida comunidad de la patria ellos presentaron la organización abstracta, la fría sociedad y la falta de cultura propia. Gran parte de lo que se temía y que no se entendía en el proceso de la modernización se achacaba a los judíos. Se identificó a los judíos con el dinero y los intereses, con el poder organizado globalmente y en secreto, y tanto con el capitalismo como con el bolchevismo, ambos entendidos como conspiraciones.

Aquí ya se puede apreciar que el antisemitismo moderno es más que un prejuicio parcial y ocasional. El antisemitismo es un modo de explicación, una semántica o una cosmovisión. Ayuda a entender el mundo, su organización política, económica y social. Como muestra el ejemplo de la responsabilización de los judíos, tanto por el capitalismo como por el bolchevismo: afirmaciones opuestas parecen encontrar fácilmente su lugar en una misma semántica. El antisemitismo se convierte en ideología, en estructura psicológica o en resentimiento y escapa de esta forma a la argumentación racional.

Otro problema es que el imaginario de los judíos como raza incluye la incapacidad lógica de cambiar la clasificación designada. Ni el renunciar a su religión, ni el declararse patriota ferviente, podrían despojar de su estatus a los que una vez hayan sido identificados como judíos. Lo que es más, en la lógica del antisemitismo racista/nacional, todos los intentos de asimilación tenían que ser considerados actos sospechosos de infiltración. Si los judíos representaban la anti-raza y, con ello, lo contrario a la nación, entonces también la idea de judío alemán o judío francés se tenía que convertir en contradicción. La existencia de la diversidad chocaba con la pretensión homogeneizadora del nacionalismo de los Estados europeos.

Aunque este tipo de antisemitismo es rechazado por el centro democrático de todos los países de Europa, se encuentra todavía en algunos grupos de extrema derecha. No obstante, como provocación no-oficial, como “chiste”, encontramos este antisemitismo en amplias capas de la sociedad.

También de este tipo de antisemitismo podemos encontrar un ejemplo en Observatorio de Antisemitismo en España:

Durante la noche del 18 de mayo, tras la victoria del Maccabi Tel Aviv en la Copa de Europa de Baloncesto, se produjeron más de 300 tuits con insultos e insinuaciones antisemitas a judíos e israelíes. La comunidad judía considera que unos 18.000 usuarios se hicieron eco de los mensajes contra los judíos. El hashtag ‘putosjudíos’, recuerdan, fue trending topic en España aquella noche.