viernes, 8 de marzo de 2013

¿Free Palestine?



En una entrada anterior hablé del antisionismo como código cultural. Ahora quiero mostrar, con un ejemplo común, cómo funciona un código cultural muy concreto. Expondré qué mecanismos de insinuación, silencios estratégicos y evocaciones de connotaciones se encuentran en una fórmula aparentemente tan inocente como la que podemos ver con regularidad en pegatinas, carteles o grafitis: Free Palestine. Este lema tiene la capacidad de crear la máxima adhesión y la máxima simpatía más allá de fronteras ideológicas tradicionales. Y es que desde la revolución francesa con su libertad, igualdad y fraternidad o desde la constitución de EE.UU. por la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, nadie se puede oponer al ideal de la libertad. Quien lo hace, casi automáticamente se sitúa fuera del discurso democráticamente aceptado. Por tanto, en principio deberíamos dar la bienvenida a la reclamación de la libertad para cualquier territorio del mundo, incluido el territorio palestino.

Free Palestine… son sólo dos palabras, pero contienen trampas peligrosas. Comenzamos con la primera palabra - free - que es tanto un adjetivo como un verbo. Como adjetivo se conocen traducciones como libre, pero también liberado o desocupado. Como verbo, to free significa liberar. En todo caso quien utiliza el lema de Free Palestine no se suele referir nunca a una realidad existente, a un territorio que ya está libre, sino siempre a una situación futura en la que la libertad habrá  sido conseguida mediante un proceso de liberación.

Ahora bien: ¿Qué es esto de la libertad? ¿Libre de qué? ¿Libre para qué? Si analizamos la discusión sobre qué es la libertad encontramos al menos dos nociones básicas. La primera sería la de la libertad negativa. Libertad entonces sería la ausencia de aquello que nos quita libertad o que simplemente nos impide vivir con dignidad: Queremos ser libres de hambre, de amenazas, de opresiones, de guerras…. Pero igualmente nos podemos librar de personas. Así que la extrema derecha muchas veces reclama liberar un territorio p.ej. de minorías étnicas. Cuando se utiliza simplemente el lema Free Palestine sin dar más explicaciones, el significado que se da depende, en gran medida, del contexto de presentación y de recepción. Como el contexto casi siempre es un contexto de crítica feroz a Israel Free Palestine no se suele entender como liberar a palestina de Hamás y otros terroristas o liberar a las mujeres palestinas de la opresión por una ideología retrógrada. Se suele entender liberación como liberación de una supuesta ocupación y opresión judía / israelí. El éxito del lema radica en que quien lo utiliza no tiene que explicitar este significado y puede guardar silencio. No tiene que exponer la  definición, a qué idea de libertad se refiere. Por ello, el lema es capaz de aglutinar a los genocidas en potencia y enemigos de toda emancipación como la de Hamás con la izquierda emancipada y bienintencionada que se percibe en la tradición de la revolución francesa.

Pero también existe una segunda noción de libertad, que responde a la cuestión de ¿para qué ser libre? En la tradición emancipadora, la respuesta está clara y apunta a libertad para autogobernarse, para darse sus propias leyes y reglas de convivencia o para vivir una vida autónoma. En ningún caso una izquierda emancipadora reclamaría libertad para matarse mutuamente o para hacer daño al prójimo. Por el contrario, para la derecha vivir en un territorio libre de extranjeros o de judíos, es un fin en sí mismo. En esta ideología todo iría mejor si sólo se fueran los que, según la ideología, no pertenecen a este territorio.

De nuevo, cuando leemos Free Palestine, no sabemos en principio a qué se refiere. No obstante, por el poco esfuerzo que se hace, por parte de quienes utilizan este lema, de luchar por una palestina donde los individuos, independientemente de su  sexo,  orientación sexual,  clase a la que pertenezcan o  religión que practiquen,  tengan una mayor autonomía frente a las imposiciones de quienes sea y se centran casi exclusivamente en denunciar a Israel como la raíz de todos los males de Palestina, vemos que aquí prevalece el último significado: Palestina libre de israelís/judíos como fin en sí con la esperanza ilusoria de que entonces todo cambiaría a mejor.

Ahora bien, el problema del lema no sólo radica  en la primera de las dos palabras. Con la referencia al territorio palestino surge otra preocupación ¿Qué es el territorio palestino? ¿Cuáles son sus fronteras? ¿Comprende sólo los territorios palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza? Todos sabemos que desde hace décadas existen conflictos violentos sobre las fronteras de este territorio. ¿O comprende Palestina también el Estado de Israel y partes de Jordania tal como  Hamás proclama en su carta fundacional? La respuesta a estas preguntas suele ser una vez más: el silencio. Se trata de un silencio cómplice con todos aquellos que quieren acabar con Israel y con los judíos que actualmente viven en este territorio, tal como Hamás reivindica abiertamente en la ya mencionada carta fundacional.

No dudo de las buenas intenciones de la gran mayoría de la izquierda que hace suyo el lema de Free Palestine. Pero mientras el lema sea decodificado por millones de fanáticos como lema claramente anti-emancipador, Free Palestine no debe ser un lema de la izquierda. Mientras haya personas que utilicen dicho lema a favor de la libertad de Hamás para  oprimir a mujeres y personas de otras creencias religiosas y políticas, y mientras haya grupos que lo utilicen para exigir la expulsión de los judíos del territorio en el que actualmente viven, la izquierda debería concretar sus exigencias para no hacerse cómplice del fanatismo retrógrada. Free Gaza from Hamas sería uno de estos lemas emancipadores que yo propondría. Un lema que debería ser consenso entre la izquierda emancipadora.

Aún no he visto este cartel en ninguna de las múltiples manifestaciones por la paz en Palestina que la izquierda organiza en este país.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Yo no soy antisemita, pero…




Textos críticos con Israel hay muchos. Sobre todo desde la izquierda parece existir la necesidad de repetir una y otra vez las mismas acusaciones. En las últimas entradas en este blog he mostrado la falsedad o exageración de muchas de estas acusaciones o incluso la lógica antisemita que hay detrás de gran parte de estos textos. Evidentemente la etiqueta de antisemita no le gusta a nadie y por ello los autores de textos críticos con Israel han desarrollado toda una serie de estrategias discursivas para defenderse de antemano de la crítica de antisemitismo. Por ello, aquí les invito a realizar un ejercicio: cojan cualquier texto o discurso crítico con Israel y fíjense si utiliza alguna de las siguientes estrategias discursivas para negar la posibilidad de ser antisemita.

1. Inmunización
El autor dice que no se puede criticar a Israel o al sionismo sin que alguien le eche en cara que sea antisemita. Con ello, el autor subraya su valentía, ya que él se atreve a  formular una crítica que le costará probablemente duros ataques. En realidad, lo más probable es que reciba aplausos por casi todos los lados. De hecho no conozco a ningún autor y ningún defensor de Israel que diga que no se pueda criticar a Israel, ni ninguno que diga que toda crítica a Israel sea antisemitismo. No obstante, esta figura de luchar contra las prohibiciones, los tabús y la policía de los discursos políticos se mantiene firmemente. Con esta estrategia discursiva, el autor se inmuniza contra aquellos argumentos que le critican a él o a su argumentación como antisemita. Cualquier sospecha de antisemitismo sólo confirmaría su tesis.

Nota: Para no convertirse en blanco fácil, nuestro autor utilizará siempre – aunque cueste – la palabra “Israel” y “sionismo” y no “judíos”.

2. Obligación moral de la izquierda
El autor subraya que es de la izquierda. La izquierda está en contra de los nazis. Por tanto, quien es de la izquierda por definición no puede tener nada en contra de los judíos. Es más, si alguien de la izquierda está en contra de Israel, tiene que ser porque los judíos se comportan como nazis. Además, con el argumento de que Israel se comporta como los nazis, es una obligación moral, por así decirlo, para la izquierda, de luchar contra Israel. En la lógica de la argumentación se conoce esta estrategia como petición de principio (petitio principii), una falacia que incluye entre sus premisas implícita o explícitamente lo que se quiere probar.

3. Amigo de Israel y de los judíos
Por si esto no fuera suficiente, para evitar cualquier sospecha de antisemitismo, el autor puede subrayar que es amigo de Israel o de los judíos. Quien es amigo de los judíos no puede ser antisemita. Y como buen amigo se puede criticar a Israel. Lo que es más, como buen amigo se tiene la obligación moral de criticar a Israel cuando se ve que va por mal camino. Por el bien de los judíos / de Israel, ellos deben seguir los consejos de su amigo crítico. Una variante de esta figura es subrayar que uno tiene muchos judíos entre sus amigos.

4. El testigo judío
Una variante de ser amigo de judíos, se encuentra con frecuencia, sobre todo en aquellas regiones en las que históricamente ya se han matado o expulsado a tantos judíos que quedan pocos como para tener un amigo entre ellos. Es la de citar a un buen judío. En esta figura discursiva, el autor cita a un judío crítico con Israel. La lógica aquí es que quien cita a un judío, es imposible que pueda odiar a los judíos. Uno de los judíos más citados en estos contextos es Norman Finkelstein que se está enriqueciendo a costa de afirmar que los judíos sólo pretenden hacerse ricos con el Holocausto.

No todas las críticas a Israel son antisemitas. Pero negar, de antemano, la posibilidad de la existencia del antisemitismo, en las propias filas, significa no ver lo que no se quiere ver. No mediante la defensa a la acusación del antisemitismo, sino únicamente mediante el distanciamiento de toda retórica antisemita, la izquierda puede seguir empeñando su papel a favor de la razón, la ilustración y la emancipación.

jueves, 24 de enero de 2013

Antisionismo como código cultural de la izquierda



En el mundo social, las acciones de los individuos o grupos nunca son reacciones directas a los  acontecimientos inmediatos. Entre acontecimiento y reacción siempre hay un proceso de interpretación de la  realidad. Esto puede ser una reflexión consciente o una internalización de interpretaciones aprendidas con anterioridad y cuyo funcionamiento es inconsciente. Pero siempre se trata de actos creativos de la mente humana. En este proceso la mente se sirve de patrones de interpretación o ideologías ya aprendidas socialmente que ayudan al ser humano a situar el acontecimiento singular en un marco general.

Para entender las reacciones de gran parte de la izquierda a los acontecimientos en Israel y en Palestina conviene entender el antisionismo como código cultural. Un código cultural es una fórmula verbal que tiene una doble función: Por un lado produce y reproduce ciertas asociaciones y contextos y por otro lado funciona como clave comunicativa, es decir, hace innecesario explicitar su contenido.

En la izquierda, definirse como antisionista provoca ciertas connotaciones sobre la interpretación del conflicto judío-árabe. Los antisionistas interpretan el conflicto en términos de imperialismo y (neo)colonialismo, la culpa recae, prácticamente en su totalidad, sobre Israel, que es percibida como Estado beligerante. Estas afirmaciones y muchas más se encuentran condensadas cuando alguien se autodefine como antisionista.

Como clave comunicativa, por  otro lado, el antisionismo hace superfluo nombrar explícitamente los propios resentimientos antisemitas. Parafraseando a Shulamit Vulkov se podría decir que antisionismo no sólo es antisemitismo. No es el acoso a los judíos de modo  respetable, sino que es el antisemitismo hecho símbolo. El antisionismo permite ocultar el propio antisemitismo distanciándose abiertamente del antisemitismo y del odio a los judíos. Contrariamente al fundamentalismo islámico o a las ideologías racistas de la extrema derecha, la izquierda no permite la exclusión directa de los judíos como religión o pueblo. Al sustituir “judío” por “sionista” y al identificarlo con el imperialismo, se puede mantener una explicación antisemita del mundo sólo cambiando el color del traje, es decir, sólo cambiando una palabra por otra.

Si aquí se afirma que el antisionismo de la izquierda es básicamente lo mismo que el antisemitismo, se quiere indicar  que el antisionismo utiliza la misma organización semántica que el rechazado antisemitismo. En ambos casos subyace una diferenciación entre comunidad (concreta) y sociedad (abstracta). Mientras el resto  de naciones o pueblos parecen ser capaces de crear una comunidad, a los judíos se les niega tanto la capacidad como el derecho a hacerlo. Se los imagina como entidad abstracta y supranacional. En el nacionalsocialismo se negaba a los judíos la pertenencia al pueblo alemán y se justificaba el asesinato de millones de judíos con el argumento de que ellos no sólo desintegrarían el pueblo alemán sino que serían el enemigo de todos los pueblos. El antisionismo no es más que otra forma de imaginar  que el pueblo judío no es capaz de vivir en comunidad. El Estado de Israel no se percibe como un Estado, como lo son otros (con todos sus fallos e injusticias escandalosos), sino que se niega a los judíos lo que se permite a todos los demás pueblos: la autodeterminación. Al igual que el antisemitismo condena a los judíos por el mero hecho de haber nacido judíos el antisionismo condena a Israel por el mero hecho de existir.

Otra faceta de la semántica antisemita, que se encuentra también en el antisionismo, es la imaginación de un poder enorme, supranacional y conspirativo. Sólo hay que pensar en el poder tan grande que se le presupone a la lobby judía en EE.UU. o en la influencia que se cree que Israel tiene en Europa. Este supuesto poder, se imagina tan inmenso, en un Estado tan pequeño, que Israel suele ser nombrado en primera posición cuando se pregunta en las encuestas sobre países capaces de hacer peligrar la paz en el mundo. 

Una tercera parte de esta semántica antisemita/antisionista sería la tergiversación entre víctimas y agresores. Con afirmaciones como “los judíos se aprovechan del holocausto”, “Hamás es un producto de Israel” se convierte a las víctimas claras del holocausto y del terror de Hamás en verdaderos aprovechados de la situación. Estos tres elementos: negación de la capacidad de formar  comunidad, imaginación del poder judío y tergiversación entre víctimas y agresores son la clave para entender la forma específica del antisemitismo presente en el antisionismo de la izquierda.

Como código cultural, el antisemitismo tiene la gran ventaja discursiva de permitir crear amplios consensos. Con la clave del antisionismo se entienden no sólo la extrema derecha y el nacionalismo árabe (que ya se mostró en la segunda guerra mundial, cuando este último afirmó abiertamente su ideología antisemita y pronazi), sino que se pueden aliar también gran parte de la izquierda y el fundamentalismo islámico. Se puede decir, por tanto, que hoy en día el antisionismo es la forma más extendida de antisemitismo.

lunes, 14 de enero de 2013

Anticatalanismo y antisionismo



Mi primera reacción al tener en la mano el libro de Jaume Renyer “anticatalanisme i antisionisme, avui” era pensar que los dos conceptos tienen muy poco que ver el uno con el otro. Mientras ubicaría en anticatalanismo en España claramente en la derecha, el antisionismo parece ser uno de los códigos culturales de la izquierda por excelencia. Por no confirmar mis prejuicios y enseñarme aspectos sobre la izquierda catalana y española que realmente eran novedosos para mí, he disfrutado mucho con el libro de Renyer.


Jaume Renyer es, entre otros, profesor de derecho de la Universitat Rovira i Virgili, fue hasta el año 2009 militante de Eusquera Republicana y actualmente es presidente de la Asociació Catalana d’Amics d’Israel – ACAI (http://acaicat.blogspot.com.es/). Tiene un blog (http://blocs.mesvilaweb.cat/jrenyer) sobre diversos aspectos de la actualidad política y social. El libro “Anticatalanisme y antisionisme, avui” publicado en 2010 por la  editorial Dux es una colección de textos suyos de entre 1998 y 2009 publicados en revistas, periódicos y en su blog. Además contiene una serie de otros documentos históricos como un texto de Antonio Rovira i Virgili de 1938 o de Jaume Miravitlles de 1967 que muestran el vínculo histórico entre el catalanismo y la defensa de Israel. También contiene una entrevista con el sociólogo y filósofo francés Pierre André Taguief del que Renyer parece tomar la algo particular diferenciación entre antisemitismo y judeofobía.

Renyer es uno de los pocos que se atreven hoy en día a defender a Israel desde una posición de izquierdas, distanciándose claramente de aquellos que desde la derecha autoritaria e islamofóbica defienden actualmente al Estado judío. Así, afirma por ejemplo, que “los herederos del franquismo (filonazi, antisemita y amigo de las corruptos monarquías árabes) son hoy en día los amigos interesados de Israel, mientras que los nacionalistas catalanes […] son hoy, mayoritariamente, cómplices inconscientes de la judeofobia.” Renyer muestra como judeofobia y anticatalanismo formaron una unidad durante el franquismo. Mientras que el “judío era la antítesis religiosa de la identidad española […], el catalán [era] su antítesis cultural”. En las décadas postfranquistas, la derecha ha mantenido su anticatalanismo pero el antiislamismo se superpuso a la judeofobia de origen religiosa.

Por otro lado, la izquierda, al principio se solidarizaba  con el deseo del pueblo judío de tener un Estado propio, tal como lo proclamó para todos los pueblos, viéndose  fuertemente influenciada por la doctrina de la URSS que, por miedo a un acercamiento entre  Israel   y los EEUU, además de por resentimientos antisemitas en la Unión Soviética, declaró la guerra al sionismo. Mediante la hegemonía de la Unión Soviética en la izquierda europea durante los años 60 y 70, esta ideología se ha podido anclar en el pensamiento de gran parte de la izquierda y pertenece hoy en día al cúmulo de ideas cuyo  trasfondo no ha sido cuestionado. Desde entonces existe en la izquierda una hegemonía poco afortunada y raras veces disputada, que identifica el sionismo y el Estado de Israel con el imperialismo, el colonialismo, e incluso con el fascismo.

Desde su experiencia como militante de Eusquera Republicana, Renyer nos cuenta la fuerza de este consenso antisionista y lamenta una y otra vez el oportunismo que evitó que partes críticas de la izquierda se distanciaran claramente del antisemitismo de la izquierda. En ERC i els palestins, cuenta por ejemplo cómo el partido rechazó la aprobación de una resolución que no tomaba posición a favor de uno u otro lado en el conflicto arabe-israelí y simplemente retiraba “el derecho a la paz, la libertad i la seguridad tanto del pueblo judío como del palestino.” Otro artículo cuenta la negación sintomática de la revista oficial de ERC de publicar una reseña encargada sobre Israel y palestina.

Cuando defiende a Israel, Renyer presenta al Estado judío como Estado democrático que logra combinar la diversidad cultural con la recuperación de una lengua propia, lo cual convierte a Israel en ejemplo del que el nacionalismo de izquierdas de Cataluña puede aprender. Con ello, Renyer no habla desde la distancia sino que se muestra como profundo conocedor de la realidad israelí, por ejemplo cuando presenta la pluralidad de fuentes del sistema legal de Israel en su artículo Israel, estat jueu i democràtic. Este texto concluye con la afirmación de que “hay muchas cosas que se pueden aprender del sistema constitucional israelí, de la vitalidad del sentimiento nacional judío y de la capacidad para desarrollar un modelo de sociedad singular en medio de las condiciones adversas que imponen aquellos que quieren la desaparición de Israel. De los movimientos que se basan en la negación de los otros (anticatalanismo, antisionismo) no se puede sacar nada positivo, de aquellos que afirman en positivo la libertad de su pueblo y la de los otros (catalanismo, sionismo) siempre hay algo aprovechable”.

Un libro valiente, que se atreve con una problemática negada por la izquierda. Sus argumentos informados, bien razonados y originales hacen del libre una fuente inspiradora de dialogo.