martes, 16 de junio de 2015

El antisemitismo racista, racial o nacionalista (2/6)



En la última entrada presenté el antijudaismo como primera forma deantisemitismo todavía en uso. Frente a esta forma de antisemitismo tradicional, todas las demás formas suelen considerarse antisemitismo moderno. El propio término “antisemitismo” fue una creación del siglo XIX con la que se pretendió distinguirse del odio a los judíos, considerado retrógrado y emocional. Frente al viejo antijudaísmo surgió, con pretensiones científicas, el antisemitismo al que se referían con orgullo gran parte de los nacionalistas europeos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. En la literatura se conoce este tipo de antisemitismo como antisemitismo racista, racial o nacionalista. Presenta el intento de utilizar las nuevas teorías sobre razas y caracteres nacionales, consideradas como científicas para justificar la discriminación a los judíos. A estos, a partir de la acuñación del término, ya no se les consideraba un grupo religioso, sino una raza. La noción de raza se mezcló con el nacionalismo y la creación de los Estados naciones en el siglo XIX. En esta idea, según la cual los pueblos se organizan en Estados nacionales, los judíos no sólo aparecían como otro pueblo u otra raza, sino como la anti-raza por antonomasia. Su mera existencia ponía en duda el principio organizador que tenían en mente los nacionalistas europeos. Los judíos se convertían así en lo contrario de la nación. Como pueblo sin Estado representaron la no-identidad frente a las identidades nacionales europeas. Frente a la cálida comunidad de la patria ellos presentaron la organización abstracta, la fría sociedad y la falta de cultura propia. Gran parte de lo que se temía y que no se entendía en el proceso de la modernización se achacaba a los judíos. Se identificó a los judíos con el dinero y los intereses, con el poder organizado globalmente y en secreto, y tanto con el capitalismo como con el bolchevismo, ambos entendidos como conspiraciones.

Aquí ya se puede apreciar que el antisemitismo moderno es más que un prejuicio parcial y ocasional. El antisemitismo es un modo de explicación, una semántica o una cosmovisión. Ayuda a entender el mundo, su organización política, económica y social. Como muestra el ejemplo de la responsabilización de los judíos, tanto por el capitalismo como por el bolchevismo: afirmaciones opuestas parecen encontrar fácilmente su lugar en una misma semántica. El antisemitismo se convierte en ideología, en estructura psicológica o en resentimiento y escapa de esta forma a la argumentación racional.

Otro problema es que el imaginario de los judíos como raza incluye la incapacidad lógica de cambiar la clasificación designada. Ni el renunciar a su religión, ni el declararse patriota ferviente, podrían despojar de su estatus a los que una vez hayan sido identificados como judíos. Lo que es más, en la lógica del antisemitismo racista/nacional, todos los intentos de asimilación tenían que ser considerados actos sospechosos de infiltración. Si los judíos representaban la anti-raza y, con ello, lo contrario a la nación, entonces también la idea de judío alemán o judío francés se tenía que convertir en contradicción. La existencia de la diversidad chocaba con la pretensión homogeneizadora del nacionalismo de los Estados europeos.

Aunque este tipo de antisemitismo es rechazado por el centro democrático de todos los países de Europa, se encuentra todavía en algunos grupos de extrema derecha. No obstante, como provocación no-oficial, como “chiste”, encontramos este antisemitismo en amplias capas de la sociedad.

También de este tipo de antisemitismo podemos encontrar un ejemplo en Observatorio de Antisemitismo en España:

Durante la noche del 18 de mayo, tras la victoria del Maccabi Tel Aviv en la Copa de Europa de Baloncesto, se produjeron más de 300 tuits con insultos e insinuaciones antisemitas a judíos e israelíes. La comunidad judía considera que unos 18.000 usuarios se hicieron eco de los mensajes contra los judíos. El hashtag ‘putosjudíos’, recuerdan, fue trending topic en España aquella noche.

lunes, 8 de junio de 2015

El antijudaísmo (1/6)


En las próximas 6 entradas se presentan diferentes formas de antisemitismo y sus relaciones. Podríamos decir que bajo la noción “antisemitismo” encontramos cinco tipos ideales, aunque las denominaciones en la práctica no son unívocas. El término de tipo ideal hace referencia a un instrumento conceptual, ya que realmente, la mayoría de los casos, encontramos mezclas de estas 5 formas de antisemitismo. Dichas formas son: el antijudaísmo, el antisemitismo racial/nacionalista, el antisemitismo secundario, el antisemitismo islámico y el antisionismo antisemita o antisemitismo antisionista.

Las entradas son una adaptación de mi artículo La sociología española y elantisemitismo” publicado en la revista Política y Sociedad y mi presentación “Las 5+1 formas del antisemitismo actual” en el Seminario Internacional sobreAntisemitismo.

El antijudaísmo, también denominado antisemitismo tradicional o antijudaísmo cristiano, supone la discriminación de los judíos basada originalmente en argumentos religiosos. No obstante, estos argumentos se han convertido, a lo largo de los siglos, en “conocimiento” popular muy arraigado en la cultura cristiana. La negación del judaísmo a reconocer a Jesús Cristo como el Mesías y la culpabilización de los judíos en general por la muerte de Jesús, son quizá los argumentos más básicos y recurrentes en esta forma de antisemitismo. A partir de ahí se ha creado una gran serie de calumnias sobre los judíos: rituales de asesinatos de niños cristianos, blasfemias, profanación de hostias consagradas o la responsabilidad por determinadas enfermedades y epidemias, son quizá las leyendas más conocidas. En este contexto también hay que mencionar los estereotipos que califican a los judíos de usureros, avariciosos, maestros del engaño y vengativos. Son estos últimos los estereotipos que, de forma más intacta, han pasado por la Ilustración y se encuentran hoy en día también como parte de otras formas de antisemitismo. Aunque se trata de una forma antigua de antisemitismo todavía persiste hoy en día, especialmente en círculos católicos y luteranos conservadores.

El Observatorio de Antisemitismo en España narra ejemplos como este sobre el antijudaismo:

El 18 de abril de 2014, con motivo de la Semana Santa, se publicó en el Periódico ABC una nota titulada “La muerte en la cruz, más allá de Jesús”, El artículo, que narraba la vida de mártires cristianos, se hizo eco de una falsa acusación de crimen ritual por parte de los judíos. El autor incluye entre los mártires cristianos a un presunto mártir que nunca existió y además como presunta víctima de la crueldad de los judíos del siglo XV. Una calumnia antisemita sin fundamento científico, jurídico o histórico.

Dice el artículo que el niño de 7 años, Dominguito del Val:

“fue víctima del odio de los judíos, que en aquella época eran muchos y muy poderosos en la capital aragonesa y tenían, según escribía Alfonso X el Sabio, la tradición de crucificar a niños durante el Viernes Santo para recoger su sangre.”

Tras múltiples quejas, el periódico ha retirado el artículo y pedido disculpas por su publicación.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Tensión universalista no resulta



Con razón hay una protesta masiva de la sociedad civil cuando el cretino de turno hace comparaciones de la situación actual (nacionalismo catalán, aborto, ETA) con los nazis. No obstante en cierta parte de la izquierda parece que hay una comparación con el nacionalsocialismo que pasa sin que las diversas organizaciones de izquierdas pongan el grito en el cielo. Me refiero aquí a la comparación de la política de Israel con la de los nazis (incluido expresamente como ejemplo de antisemitismo en la definición más prominente). Más concretamente parece haber un consenso en que el sionismo es nazismo o al menos racismo. ¿Pero alguien de esta izquierda se ha parado alguna vez a reflexionar sobre qué es el sionismo, de dónde viene y que discusiones existen tanto dentro del sionismo como dentro de la comunidad judía al respecto? Si no  quieren estropear su cómodo prejuicio les recomiendo no seguir leyendo porque aunque los resentimientos suelen ser resistentes a los argumentos, intentaré explicar brevemente las diferentes posiciones que existen dentro del sionismo y los argumentos no-antisemitas a favor y en contra de estas.


Sionismo según google



El sionismo moderno surge en la segunda mitad del siglo XIX. En el auge de los nacionalismos europeos y de las creaciones de los diferentes Estados-naciones, también desde la comunidad judía surge el deseo de tener un Estado propio. Si todos los pueblos tienen su Estado, entonces: ¿por qué los judíos no deberían tener el suyo? Así el planteamiento del sionismo político del que Theodor Herzl quizá sea la figura más destacada.

El sionismo político recibe básicamente tres contestaciones dentro de la comunidad judía. Estas contestaciones todavía están presentes hoy en día en críticas al Estado de Israel. La primera contestación es la de grupos ultra-ortodoxos. Ellos argumentan que sólo Dios puede salvar a los judíos de la situación de Diáspora y lo hará enviando al mesías. Acabando ya con la situación de Diáspora sería, según esta posición, una blasfemia.

La segunda crítica muy influyente antes de la segunda guerra mundial era la idea de que los judíos no necesitan un Estado propio. Es la expresión de la convicción de que el antisemitismo existente se puede superar y el pueblo judío se puede integrar perfectamente en los diferentes Estados-naciones. Esta posición vivió un duro revés con el Holocausto. El asesinato industrial de 6 millones de judíos mostró que incluso en el país que hasta aquel momento había sido considerado uno de los más civilizados del mundo no se podía estar nunca seguro. Desde esta posición también se re-evaluaron otros acontecimientos como los múltiples pogromos contra los judíos en el mundo árabe. Por ejemplo los pogromos de Jerusalén de 1929 en los cuales 130 judíos fueron asesinados, bajo las miradas pasivas de la policía británica. De ahí creció la convicción del sionismo político de que los judíos necesitan un Estado propio, un Estado donde ellos mismos se puedan defender contra los ataques antisemitas, donde el Estado no aplauda o mire en otra dirección cuando se les masacra.

De estas dos críticas antisionistas hay que diferenciar una tercera crítica al sionismo político. Viene del ámbito del sionismo cultural. Los judíos que defendían esta posición argumentaron que los judíos no deberían caer en el mismo error de los particularismos y nacionalismos de los Estados-naciones. En vez de ello apostaron por la recuperación de la cultura judía, sobre todo de la lengua hebrea. Veían  la idea de crear un Estado judío propio con recelo ya que esto significaría cometer los mismos errores y realizar las mismas exclusiones que los demás Estados. Un Estado judío no sería mejor que cualquier otro Estado.

Ahí entramos en lo que muchos críticos de Israel denuncian: el particularismo del Estado de Israel. Desde una posición de izquierdas exigen a Israel convertirse en un Estado fundamentalmente diferente. Un Estado sin carácter judío. Desde el ideal de un mundo sin fronteras, un mundo donde ni la pertenencia étnica ni la religión importan, exigen de Israel el abandono de su proyecto nacional actual.

Aunque comparto el ideal del mundo sin fronteras y sin discriminación, hay que tener en cuenta también la realidad. Y la realidad es que la destrucción de Israel no sería un paso hacia esta dirección, sino hacia la dirección opuesta. Los que critican el carácter particularista de Israel suelen callarse frente a los múltiples y mucho más profundos procesos de exclusión en los demás países de la región, donde derechos civiles, democracia, igualdad de género o libertad sexual son extranjerismos. Exigir de Israel lo que de ningún otro país del mundo se exige (al menos no con la misma vehemencia) significaría promover el fin de la idea de un Estado donde que garantize que los judíos se puedan defender en contra de ataques desde adentro o afuera.

Sí, el sionismo político no es universalista. Sí, el sionismo político es particularista – como cualquier Estado del mundo es un proyecto particularista. Pero en el mundo nacionalista, racista y antisemita en el que vivimos, el sionismo parece de momento la única solución viable para garantizar la existencia del pueblo judío.

lunes, 1 de diciembre de 2014

El mito del buen salvaje



Hasta ahora en este blog he abordado mayoritariamente el tema del antisemitismo. De hecho, quiero puntualizar que el nombre mismo del blog “En defensa de Israel” no significa que defiendo todos y cada uno de los actos cometidos en nombre de Israel. Más bien he querido defender a Israel contra los ataques que utilizan el antisemitismo, por ejemplo poniendo en duda el derecho de Israel a existir. Pero el tema de hoy no es el antisemitismo, sino el racismo. Lamentablemente se utiliza a veces el racismo o su familiar, la islamofobia para defender a Israel. Se trata de prejuicios contra el Islam, los árabes o muy en particular contra los palestinos. Evidentemente hay que distanciarse de este racismo.

Lo que muchas veces pasa desapercibido es, no obstante, que  se puede detectar muchas veces un racismo por parte de aquellos que critican a Israel. No se suele tratar de un racismo hacia Israel o hacia los judíos. La forma más común de semántica discriminatoria cuando se critica a Israel y los judíos suele ser el antisionismo antisemita o el antisemitismo antisionista. Cuando se critica a Israel, muchas veces se incurre en un racismo hacia los palestinos. Sorprendentemente esto pasa a menudo en grupos o individuos que se entienden a sí mismos como antirracistas.

El racismo en el que incurre cierta parte de la izquierda es muy sutil y se caracteriza más bien por la ausencia de un discurso que por su presencia. Me refiero aquí a todos estos casos en los que se critica ferozmente a Israel mientras se calla al mismo tiempo de los ataques verbales o físicos antisemitas contra el Estado judío. Frases como “Cualquiera que tiene un cuchillo, un arma, o un carro y no está atacando a judío o Israelí, y no está matando a decenas de sionistas, no pertenece a Palestina”, pronunciado este verano por el portavoz de Hamás, Fawzi Barhoum no deben ser obviadas. En otra entrada ya hablé de que Hamás no puede ser un aliado de la izquierda.




Ahora bien, gran parte de la izquierda comprende el carácter totalitario de muchos de los enemigos de Israel. Pero en vez de criticar a estos fascistas clericales se culpa a Israel, por la “espiral de violencia” o directamente por los actos terroristas o el antisemitismo de sus enemigos. Y justamente ahí se está cayendo en el racismo. Las personas que así argumentan presentan una actitud paternalista hacia los palestinos. Les tratan como si no fueran capaces de entrar en razón, como si no fueran responsables morales de sus actos. Personas o grupos con capacidad moral se pueden sentir presionados por muchos lados, pero siempre les queda la posibilidad de elegir entre diversas formas de actuación y expresión. Nadie está obligado a convertirse en antisemita haga lo que haga Israel; y en la lucha contra injusticias reales o supuestas se puede elegir entre un gran abanico de estrategias y tácticas. Nadie está obligado a atacar deliberadamente a civiles.

Cierta izquierda que disculpa implícitamente o explícitamente a los fascistas islámicos y antisemitas no sólo se hace cómplice del antisemitismo, también cae en el racismo y el paternalismo hacia aquellos que pretende defender. Tratar a los palestinos no como personas con capacidades morales sino como niños salvajes que no saben actuar de otra forma es paternalista y racista.

sábado, 19 de julio de 2014

Hamás: el enemigo de la izquierda

Hamás representa lo contrario de los valores de la izquierda. Hamás es homófobo y sexista. Hamás combate, tortura y mata a sus opositores. Hamás es autoritario, teócrata y yihadista. Hamás quiere acabar con la existencia del Estado de Israel por ser el Estado de los judíos. Hámas mata a judíos por el mero hecho de serlo y quiere acabar con todos los judíos del mundo porque piensa, en su manía, que están detrás del capitalismo, del bolchevismo y de la revolución francesas. Hamás es antisemita.
Por todo ello, no podemos considerar a  Hamás  un socio válido en la lucha por la emancipación. No es un interlocutor válido para un diálogo crítico y, no obstante, solidario. Hamás debe ser el enemigo de cualquier proyecto de la izquierda. La izquierda que merece este nombre se tiene que distanciar clara e inequívocamente de este grupo terrorista y fascista-clerical. Y ello independientemente de lo que se piense de la política de Israel. Independientemente de si se condena, entiende o justifica la política de Israel: nada, pero absolutamente nada, debe hacer creer a una persona comprometida con la emancipación que Hamás es un socio en esta lucha.
Hamás no es el pueblo palestino. Gran parte del pueblo palestino apoya a Hamás, pero aún así, no son idénticos. Hamás también es el enemigo del pueblo palestino. Es el enemigo de las mujeres, de las minorías sexuales y religiosas y de los librepensadores. Es el enemigo de los niños y de la población civil que los utiliza como escudos humanos en su sucia guerra. Ser propalestino, estar  a favor de la población civil palestina, ser de izquierdas, debe ir parejo a una oposición Hamás – una vez más: independientemente de lo que se piense sobre Israel.
Pensar que Hamás es sólo un producto de la política de Israel, es paternalista, supone liberar de toda responsabilidad  a los terroristas por sus actos. Es como disculpar a los nazis por lo que hicieron, justificando sus actos en  la difícil situación económica que atravesaban. Nadie está obligado a odiar a los judíos e intentar  asesinarlos. Cuando vea  una manifestación “propalestina” que se oponga claramente a Hamás, entonces sabré que se tratará realmente de una manifestación en favor de la población palestina y no sólo en contra de Israel.